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DESTACADO

Porque un aniño nos es nacido, un hijo nos es dado;
y sobre sus hombros estará el bprincipado;
y se llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios cFuerte, Padre dEterno, Príncipe de ePaz.
(2 Ne. 19: 6)

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PRINCIPIOS DEL WIKITIPS DE EDICIÓNDIFUNDIENDO

JESUCRISTOEditar

GEEEditar

Véase también Abogado; Agua(s) viva(s); Alfa y Omega; Arrepentimiento, arrepentirse; Ascensión; Buen Pastor; Caída de Adán y Eva; Camino; Conciencia; Cordero de Dios; Consolador; Creación, crear; Crucifixión; Cruz; Emanuel; Engendrado; Esposo; Evangelios; Expiación, expiar; Fe; Gólgota; Gracia; Hijo del Hombre; Jehová; Libertador; Luz, luz de Cristo; María, madre de Jesús; Mediador; Mesías; Pan de Vida; Piedra del Ángulo; Plan de redención; Primogénito; Principio; Redención, redimido, redimir; Redentor; Remisión de pecados; Resurrección; Roca; Sacrificio; Salvador; Sangre; Santa Cena; Segunda venida de Jesucristo; Señor; Sermón del Monte; Serpiente de bronce; Sin Fin; Transfiguración: La transfiguración de Cristo; Trinidad; Ungido; YO SOY.

Jesucristo

IntroducciónEditar

Cristo (vocablo griego) y Mesías (vocablo hebreo) significan “el ungido”. Jesucristo es el Primogénito del Padre en el espíritu (Heb. 1:6; DyC 93:21), y el Unigénito del Padre en la carne (Juan 1:14; 3:16). Es Jehová (DyC 110:3–4) y fue preordenado a su importante llamamiento antes que el mundo fuese creado. Bajo la dirección del Padre, Jesús creó la tierra y todo lo que en ella hay (Juan 1:3, 14; Moisés 1:31–33). Nació de María en Belén; llevó una vida sin mancha y efectuó la Expiación perfecta en bien de todo el género humano mediante el derramamiento de su sangre y la muerte sobre la cruz (Mateo 2:1; 1 Ne. 11:13–33; 3 Ne. 27:13–16; DyC 76:40–42). Se levantó de los muertos, asegurando así la resurrección de todo el género humano. Por medio de la expiación y la resurrección de Cristo, todos los que se arrepientan de sus pecados y obedezcan los mandamientos de Dios podrán vivir eternamente con Jesús y con el Padre (2 Ne. 9:10–12; 21 y 22; DyC 76:50–53, 62).
Jesucristo es el ser supremo de los nacidos en esta tierra. Su vida es el ejemplo perfecto del modo de vida que debe llevar todo el género humano. Toda oración, bendición y ordenanza del sacerdocio debe efectuarse en su nombre. Es el Señor de señores, el Rey de reyes, el Creador, el Salvador y el Dios de toda la tierra. Volverá en poder y gloria para reinar sobre la tierra durante el Milenio. En el último día, juzgará a toda la humanidad (Alma 11:40–41; JS–M 1).

Resumen de su vidaEditar

(siguiendo el orden de sucesión de los acontecimientos)

Se predicen el nacimiento y la misión de Jesús Lucas 1:26–38 (Isa. 7:14; 9:6–7; 1 Ne. 11). Su nacimiento, Lucas 2:1–7 (Mateo 1:18–25). Su circuncisión, Lucas 2:21. Su presentación en el templo, Lucas 2:22–38. La visita de los magos, Mateo 2:1–12. José y María huyen con Él a Egipto, Mateo 2:13–18. Va a vivir a Nazaret, Mateo 2:19–23. Visita el templo a los doce años, Lucas 2:41–50. Tuvo hermanos y hermanas, Mateo 13:55–56 (Mar. 6:3). Su bautismo, Mateo 3:13–17 (Mar. 1:9–11; Lucas 3:21–22). Lo tienta el diablo Mateo 4:1–11 (Mar. 1:12–13; Lucas 4:1–13). Llama a sus discípulos, Mateo 4:18–22 (9:9; Mar. 1:16–20; 2:13–14; Lucas 5:1–11, 27–28; 6:12–16; Juan 1:35–51). Comisiona a los Doce, Mateo 10:1–4 (Mar. 3:13–19; Lucas 6:12–16). Da el Sermón del Monte, Mateo 5 al 7. Predice su propia muerte y resurrección, Mateo 16:21 (17:22–23; 20:17–19; Mar. 8:31; 9:30–32; 10:32–34; Lucas 9:22; 18:31–34). La Transfiguración, Mateo 17:1–9 (Mar. 9:2–8; Lucas 9:28–36). Envía a los setenta, Lucas 10:1–20. Hace su entrada triunfal en Jerusalén, Mateo 21:1–11 (Mar. 11:1–11; Lucas 19:29–40; Juan 12:12–15). Instituye la Santa Cena, Mateo 26:26–29 (Mar. 14:22–25; Lucas 22:19–20). Padece y ora en Getsemaní Mateo 26:36–46 (Mar. 14:32–42; Lucas 22:39–46). Es traicionado, arrestado y abandonado, Mateo 26:47–56 (Mar. 14:43–53; Lucas 22:47–54; Juan 18:2–13). Su crucifixión, Mateo 27:31–54 (Mar. 15:20–41; Lucas 23:26–28, 32–49; Juan 19:16–30). Su resurrección, Mateo 28:1–8 (Mar. 16:1–8; Lucas 24:1–12; Juan 20:1–10). Aparece después de su resurrección, Mateo 28:9–20 (Mar. 16:9–18; Lucas 24:13–48; Juan 20:11–31; Hech. 1:3–8; 1 Cor. 15:5–8). Asciende al cielo, Mar. 16:19–20 (Lucas 24:51–53; Hech. 1:9–12). Se aparece a los nefitas, 3 Ne. 11:1–17 (3 Ne. 11 al 26). Se aparece a José Smith, JS–H 1:15–20.

Su autoridadEditar

El principado sobre su hombro, Isa. 9:6 (2 Ne. 19:6). Jesús enseñaba como quien tiene autoridad, Mateo 7:28–29 (Mar. 1:22). El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados, Mateo 9:6. Con autoridad Jesús mandó a los espíritus inmundos y le obedecieron, Mar. 1:27 (Lucas 4:33–36). Jesús estableció (ordenó) a doce para que tuviesen autoridad Mar. 3:14–15. La palabra de Jesús era con autoridad, Lucas 4:32. El Padre todo el juicio dio al Hijo, Juan 5:22, 27. Dios ungió a Jesús con el Espíritu Santo y con poder, Hech. 10:38. Cristo fue destinado desde antes de la fundación del mundo, 1 Pe. 1:20 (Éter 3:14). Cristo tiene las llaves de la muerte y del Hades, Apoc. 1:18. Todos los hombres quedan sujetos a Cristo, 2 Ne. 9:5. Jesucristo, el Hijo de Dios, es el Padre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio, Hel. 14:12. Cristo vino por la voluntad del Padre para hacer su voluntad, DyC 19:24. Jesús recibió la plenitud del Padre; y Jesús recibió todo poder, DyC 93:3–4, 16–17 (Juan 3:35–36).

El ejemplo de JesucristoEditar

Ejemplo os he dado, Juan 13:15. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, Juan 14:6. Cristo padeció por nosotros, dejándonos el ejemplo, para que sigamos sus pisadas, 1 Pe. 2:21. A menos que el hombre siga el ejemplo del Hijo del Dios viviente, no puede ser salvo, 2 Ne. 31:16. Quisiera que fueseis perfectos así como yo, 3 Ne. 12:48. Siempre procuraréis hacer esto, tal como yo lo he hecho, 3 Ne. 18:6. Yo os he dado el ejemplo, 3 Ne. 18:16. Las obras que me habéis visto hacer, ésas también las haréis, 3 Ne. 27:21, 27. Los discípulos verdaderos de Jesucristo deben ser semejantes a él, Moro. 7:48. La gloria de Jesucristo: La gloria de Jehová llenó el tabernáculo, Éx. 40:34–38. Toda la tierra está llena de su gloria, Isa. 6:3 (2 Ne. 16:3). La gloria de Jehová ha nacido sobre ti, Isa. 60:1–2. El Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre, Mateo 16:27. Glorifícame tú con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese, Juan 17:5. El Santo de Israel ha de reinar con gran gloria, 1 Ne. 22:24. Teníamos la esperanza de su gloria, Jacob 4:4. El Hijo de Dios viene en su gloria, Alma 5:50. Les explicó todas las cosas, desde el principio hasta que él viniera en su gloria, 3 Ne. 26:3. Mis apóstoles estarán vestidos en gloria igual que yo, DyC 29:12 (DyC 45:44). Vimos la gloria del Hijo, a la diestra del Padre, DyC 76:19–23. Juan vio la plenitud de mi gloria y dio testimonio de ella, DyC 93:6 (Juan 1:14). Su semblante brillaba más que el resplandor del sol DyC 110:3. Su gloria me cubrió, y vi su rostro, Moisés 1:1–11. Ésta es mi obra y mi gloria, Moisés 1:39. Es cabeza de la Iglesia: Cristo es cabeza de la iglesia, Efe. 5:23 (Efe. 1:22; 4:15). Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia Col. 1:18. Ésta es mi iglesia, Mos. 26:22 (Mos. 27:13). Cristo era el autor y perfeccionador de su fe, Moro. 6:1–4. He establecido esta iglesia, DyC 33:5 (3 Ne. 27:3–8).

Es juezEditar

Él juzgará al mundo con justicia, Sal. 9:8 (3 Ne. 27:16). Jehová viene a juzgar la tierra, Sal. 96:13. Al justo y al impío juzgará Dios, Ecle. 3:17. Juzgará entre las naciones, Isa. 2:4 (Miq. 4:3; 2 Ne. 12:4). Juzgará con justicia a los pobres, Isa. 11:2–4. El Padre todo el juicio dio al Hijo, Juan 5:22. Si yo juzgo, mi juicio es verdadero, Juan 8:16. Dios lo ha puesto por Juez de vivos y muertos Hech. 10:42 (2 Tim. 4:1). Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, Rom. 2:16. Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, Rom. 14:10 (2 Cor. 5:10; Alma 12:12; Morm. 3:20; 7:6; Éter 12:38; DyC 135:5). Todos los hombres vienen a Dios para que él los juzgue de acuerdo con la verdad y santidad que hay en él, 2 Ne. 2:10. Presentaos ante Dios para ser juzgados de acuerdo con las obras, Alma 5:15 (Alma 12:15; 33:22; 3 Ne. 27:14). Dios y Cristo son los jueces de todo, DyC 76:68.

El reinado milenario de CristoEditar

El principado descansará sobre su hombro, Isa. 9:6 (2 Ne. 19:6). Moraré en medio de ti, ha dicho Jehová, Zac. 2:10–12 (Zac. 14:9). Dios le dará a Jesús el trono de David su padre, Lucas 1:30–33. Cristo reinará por los siglos de los siglos, Apoc. 11:15. Los santos reinarán con Cristo mil años Apoc. 20:4 (DyC 76:63). A causa de la rectitud del pueblo, Satanás no tendrá poder, 1 Ne. 22:26 (Apoc. 20:1–3). Moraré en rectitud con los hombres sobre la tierra por mil años, DyC 29:11 (DyC 43:29–30). Sujetaos a las potestades existentes, hasta que reine aquel cuyo derecho es reinar, DyC 58:22 (1 Cor. 15:25). Cristo reinará personalmente sobre la tierra, AdeF 10 (Isa. 32:1).

Las apariciones de Cristo después de su muerteEditar

Habiendo resucitado Jesús, se le apareció primeramente a María Magdalena, Mar. 16:9 (Juan 20:11–18). Jesús caminó y habló con dos de los discípulos en el camino a Emaús, Lucas 24:13–34. Jesús se apareció a los Apóstoles, quienes palparon sus manos y sus pies, Lucas 24:36–43 (Juan 20:19–20). Jesús se apareció a Tomás, Juan 20:24–29. Jesús se aparece a sus discípulos en el mar de Tiberias, Juan 21:1–14. Después de su resurrección, Jesús ministró durante cuarenta días, Hech. 1:2–3. Esteban vio a Jesús que estaba a la diestra de Dios Hech. 7:55–56. Jesús se apareció a Saulo Hech. 9:1–8 (TJS, Hech. 9:7; Hech. 26:9–17). Cristo se apareció a más de quinientas personas, 1 Cor. 15:3–8. Jesucristo se mostró al pueblo de Nefi, 3 Ne. 11:1–17. Unas dos mil quinientas personas vieron y oyeron a Jesús, 3 Ne. 17:16–25. El Señor visitó a Mormón, Morm. 1:15. José Smith y Sidney Rigdon vieron a Jesús a la diestra de Dios, DyC 76:22–23. José Smith y Oliver Cowdery vieron al Señor en el Templo de Kirtland, DyC 110:1–4. José Smith vio a Jesús, JS–H 1:15–17.

La existencia premortal de CristoEditar

Apareció Jehová a Abram, Gén. 12:7 (Gén. 17:1; 18:1; Abr. 2:6–8). Jehová habló a Moisés cara a cara, Éx. 33:11 (Deut. 34:10; Moisés 1:1–2). Vi al Señor que estaba sobre el altar, Amós 9:1. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, Juan 1:1, 14 (1 Juan 1:1–3). Antes que Abraham fuese, yo soy, Juan 8:58. Glorifícame tú con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese, Juan 17:5. Isaías verdaderamente vio a mi Redentor, tal como yo y mi hermano Jacob lo hemos visto, 2 Ne. 11:2–3. Mañana vengo al mundo, 3 Ne. 1:12–14. Cristo existía desde antes del principio del mundo, 3 Ne. 26:5 (Juan 6:62). Así como me aparezco a ti en el espíritu, apareceré a mi pueblo en la carne, Éter 3:14–17. Enoc vio al Señor y anduvo con él, DyC 107:48–49. Mi Hijo Amado, que fue mi Amado y mi Escogido desde el principio, Moisés 4:2. El Señor dijo: ¿A quién enviaré? Y respondió uno semejante al Hijo del Hombre: Heme aquí; envíame, Abr. 3:27. Profecías acerca de la vida y la muerte de Jesucristo. La virgen concebirá, y dará a luz un hijo, Isa. 7:14 (1 Ne. 11:13–20). De Belén saldrá el que será Señor en Israel, Miq. 5:2. Samuel el Lamanita profetizó que habría un día y una noche y un día de luz; una estrella nueva; y muchas otras señales, Hel. 14:2–6. Samuel el Lamanita profetizó que habría obscuridad, truenos y relámpagos, y temblores en la tierra, Hel. 14:20–27. Se cumplieron las señales del nacimiento de Jesús, 3 Ne. 1:15–21. Se cumplieron las señales de la muerte de Jesús, 3 Ne. 8:5–23.

El tomar sobre sí el nombre de JesucristoEditar

No hay otro nombre en que podamos ser salvos, Hech. 4:12 (2 Ne. 31:21). Los Apóstoles se sintieron gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre, Hech. 5:38–42. Éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, 1 Juan 3:23. Testificad que estáis dispuestos a tomar sobre vosotros el nombre de Cristo por medio del bautismo, 2 Ne. 31:13. Quisiera que tomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo, Mos. 5:6–12 (Mos. 1:11). Quienes deseaban tomar sobre sí el nombre de Cristo se unían a la Iglesia de Dios, Mos. 25:23. Todos los que eran creyentes verdaderos en Cristo tomaron sobre sí el nombre de Cristo, Alma 46:15. La puerta del cielo está abierta para los que quieran creer en el nombre de Jesucristo, Hel. 3:28. Bendito es aquel que sea hallado fiel a mi nombre en el postrer día, Éter 4:19. Están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo, Moro. 4:3 (DyC 20:77). Tomad sobre vosotros el nombre de Cristo, DyC 18:21–25.

Testimonios sobre JesucristoEditar

Pablo testificó que Jesús era el Cristo, Hech. 18:5. Aun los espíritus malos testificaron que conocían a Jesús, Hech. 19:15. Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo, 1 Cor. 12:3. Se doble toda rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, Filip. 2:10–11. Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo, 2 Ne. 25:26. El Libro de Mormón es para convencer al judío y al gentil de que Jesús es el verdadero Cristo, 2 Ne. 26:12 (Portada del Libro de Mormón). Los profetas y las Escrituras testifican de Cristo, Jacob 7:11, 19. Buscad a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, Éter 12:41. Lo vimos y oímos la voz testificar que él es el Unigénito, DyC 76:20–24. Esto es vidas eternas: Conocer a Dios y a Jesucristo DyC 132:24. Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo AdeF 1. Creemos que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, AdeF 10.

Simbolismos o símbolos de JesucristoEditar

Abel ofreció de los primogénitos de sus ovejas, Gén. 4:4 (Moisés 5:20). Toma ahora tu hijo único, Isaac, y ofrécelo en holocausto, Gén. 22:1–13 (Jacob 4:5). El Señor mandó a los hijos de Israel ofrecer en sacrificio ovejas sin defecto, Éx. 12:5, 21, 46 (Núm. 9:12; Juan 1:29; 19:33; 1 Pe. 1:19; Apoc. 5:6). Es el pan que Jehová os da para comer, Éx. 16:2–15 (Juan 6:51). Golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo, Éx. 17:6 (Juan 4:6–14; 1 Cor. 10:1–4). El macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos, Lev. 16:20–22 (Isa. 53:11; Mos. 14:11; 15:6–9). Moisés hizo una serpiente de bronce, la puso sobre un asta y la alzó para salvar a los que la miraran Núm. 21:8–9 (Juan 3:14–15; Alma 33:19; Hel. 8:14–15). Estuvo Jonás en el vientre del pez tres días, Jonás 1:17 (Mateo 12:40). Esto es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, Moisés 5:4–8.

ReferenciasEditar

PASAJES IMPORTANTES DE LAS ESCRITURAS QUE HACEN REFERENCIA A JESUCRISTO

(1 Ne. 11: 13-33)

13 Y sucedió que miré, y vi la gran ciudad de Jerusalén, y también otras ciudades. Y vi la ciudad de Nazaret, y en aella vi a una bvirgen, y era sumamente hermosa y blanca.

14 Y ocurrió que vi abrirse los acielos; y un ángel descendió y se puso delante de mí, y me dijo: Nefi, ¿qué es lo que ves?

15 Y le contesté: Una virgen, más hermosa y pura que toda otra virgen.

16 Y me dijo: ¿Comprendes la condescendencia de Dios?

17 Y le respondí: Sé que ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas.

18 Y me dijo: He aquí, la avirgen que tú ves es la bmadre del Hijo de Dios, según la carne.

19 Y aconteció que vi que fue llevada en el Espíritu; y después que hubo sido llevada en el aEspíritu por cierto espacio de tiempo, me habló el ángel, diciendo: ¡Mira!

20 Y miré, y vi de nuevo a la virgen llevando a un aniño en sus brazos.

21 Y el ángel me dijo: ¡He aquí, el aCordero de Dios, sí, el bHijo del cPadre Eterno! ¿Comprendes el significado del dárbol que tu padre vio?

22 Y le contesté, diciendo: Sí, es el aamor de Dios que se derrama ampliamente en el corazón de los hijos de los hombres; por lo tanto, es más deseable que todas las cosas.

23 Y él me habló, diciendo: Sí, y el de mayor agozo para el alma.

24 Y cuando hubo pronunciado estas palabras, me dijo: ¡Mira! Y miré, y vi al Hijo de Dios que aiba entre los hijos de los hombres; y vi a muchos que caían a sus pies y lo adoraban.

25 Y aconteció que vi que la abarra de hierro que mi padre había visto representaba la palabra de Dios, la cual conducía a la fuente de aguas bvivas o cárbol de la vida; y estas aguas son una representación del amor de Dios; y también vi que el árbol de la vida representaba el amor de Dios.

26 Y el ángel me dijo de nuevo: ¡Mira, y ve la acondescendencia de Dios!

27 Y miré, y avi al Redentor del mundo, de quien mi padre había hablado, y vi también al bprofeta que habría de preparar la vía delante de él. Y el Cordero de Dios se adelantó y fue cbautizado por él; y después que fue bautizado, vi abrirse los cielos, y al Espíritu Santo descender del cielo y reposar sobre él en forma de dpaloma.

28 Y vi que salió, ejerciendo su ministerio entre el pueblo con apoder y gran gloria; y se reunían las multitudes para escucharlo; y vi que lo echaron de entre ellos.

29 Y vi también a otros adoce que lo seguían. Y aconteció que fueron llevados en el Espíritu de delante de mi faz, de modo que no los vi más.

30 Y aconteció que me habló de nuevo el ángel, diciendo: ¡Mira! Y miré, y vi que se abrían de nuevo los cielos, y que descendían aángeles sobre los hijos de los hombres; y les ministraban.

31 Y de nuevo me habló, diciendo: ¡Mira! Y miré, y vi al Cordero de Dios que iba entre los hijos de los hombres. Y vi a multitudes de personas que estaban enfermas y afligidas con toda clase de males, y con ademonios y con espíritus bimpuros; y el ángel me habló y me mostró todas estas cosas. Y fueron csanadas por el poder del Cordero de Dios; y los demonios y los espíritus impuros fueron echados fuera.

32 Y aconteció que me habló otra vez el ángel, diciendo: ¡Mira! Y miré, y vi al Cordero de Dios, y que el pueblo lo apresó; sí, vi que el Hijo del eterno Dios fue ajuzgado por el mundo; y yo vi, y doy testimonio.

33 Y yo, Nefi, vi que fue levantado sobre la acruz e binmolado por los pecados del mundo.

1 Ne. 22: 24, 26

24 Y rápidamente se acerca el tiempo en que los justos han de ser conducidos como abecerros de la manada, y el Santo de Israel ha de reinar con dominio, y fuerza, y potestad, y gran gloria.

• • •

26 Y a causa de la rectitud del pueblo del Señor, aSatanás no tiene poder; por consiguiente, no se le puede desatar por el espacio de bmuchos años; pues no tiene poder sobre el corazón del pueblo, porque el pueblo mora en rectitud, y el Santo de Israel creina.

(2 Ne. 2: 10)

10 Y por motivo de la intercesión hecha por atodos, todos los hombres vienen a Dios; de modo que comparecen ante su presencia para que él los bjuzgue de acuerdo con la verdad y csantidad que hay en él. Por tanto, los fines de la ley que el Santo ha dado, para la imposición del castigo que se ha fijado, el cual castigo que se ha fijado se halla en oposición a la felicidad que se ha fijado, para cumplir los fines de la dexpiación;

(2 Ne. 9: 5, 10-12)

5 Sí, yo sé que sabéis que él se manifestará en la carne a los de Jerusalén, de donde vinimos, porque es propio que sea entre ellos; pues conviene que el gran aCreador se deje someter al hombre en la carne y muera por btodos los hombres, a fin de que todos los hombres queden sujetos a él.

• • •

       10 ¡Oh cuán grande es la bondad de nuestro Dios, que prepara un medio para que escapemos de las garras de este terrible monstruo; sí, ese monstruo, amuerte e binfierno, que llamo la muerte del cuerpo, y también la muerte del espíritu!
       11 Y a causa del medio de aredención de nuestro Dios, el Santo de Israel, esta bmuerte de la cual he hablado, que es la temporal, entregará sus muertos; y esta muerte es la tumba.
12 Y esta amuerte de que he hablado, que es la muerte espiritual, entregará sus muertos; y esta muerte espiritual es el binfierno. De modo que la muerte y el infierno han de entregar sus muertos, y el infierno ha de entregar sus espíritus cautivos, y la tumba sus cuerpos cautivos, y los cuerpos y los cespíritus de los hombres serán drestaurados los unos a los otros; y es por el poder de la resurrección del Santo de Israel.

2 Ne. 11: 2-3

2 Y ahora yo, Nefi, escribo más de las palabras de aIsaías, porque mi alma se deleita en sus palabras. Porque aplicaré sus palabras a mi pueblo, y las enviaré a todos mis hijos, pues él verdaderamente vio a mi bRedentor, tal como yo lo he visto. 3 Y mi hermano Jacob también lo aha visto como lo he visto yo; por tanto, transmitiré las palabras de ellos a mis hijos, para probarles que mis palabras son verdaderas. Por tanto, ha dicho Dios, por las palabras de btres estableceré mi palabra. No obstante, Dios envía más testigos y confirma todas sus palabras.

2 Ne. 12: 4

4 Y ajuzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y forjarán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.

2 Ne. 16: 3

3 Y el uno exclamaba al otro, diciendo: ¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria!

2 Ne. 19: 6

6 Porque un aniño nos es nacido, un hijo nos es dado; y sobre sus hombros estará el bprincipado; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios cFuerte, Padre dEterno, Príncipe de ePaz.

2 Ne. 25: 26

26 Y ahablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, bprofetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que cnuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la dremisión de sus pecados.

2 Ne. 26: 12

12 Y así como hablé acerca de aconvencer a los bjudíos de que Jesús es el cverdadero Cristo, es menester que los gentiles también sean convencidos de que Jesús es el Cristo, el Dios Eterno;
     2 Ne. 31: 13, 16, 21
       13 Por tanto, amados hermanos míos, sé que si seguís al Hijo con íntegro propósito de corazón, sin acción hipócrita y sin engaño ante Dios, sino con verdadera intención, arrepintiéndoos de vuestros pecados, testificando al Padre que estáis dispuestos a tomar sobre vosotros el nombre de Cristo por medio del abautismo, sí, siguiendo a vuestro Señor y Salvador y descendiendo al agua, según su palabra, he aquí, entonces recibiréis el Espíritu Santo; sí, entonces viene el bbautismo de fuego y del Espíritu Santo; y entonces podéis hablar con clengua de ángeles y prorrumpir en alabanzas al Santo de Israel.
           •  •  •
       16 Y ahora bien, amados hermanos míos, por esto sé que a menos que el hombre apersevere hasta el fin, siguiendo el bejemplo del Hijo del Dios viviente, no puede ser salvo.
           •  •  •
       21 Y ahora bien, amados hermanos míos, ésta es la asenda; y bno hay otro camino, ni cnombre dado debajo del cielo por el cual el hombre pueda salvarse en el reino de Dios. Y ahora bien, he aquí, ésta es la ddoctrina de Cristo, y la única y verdadera doctrina del ePadre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, que son fun Dios, sin fin. Amén.
 12.
     Jacob 4: 4-5
       4 Porque hemos escrito estas cosas para este fin, que sepan que nosotros asabíamos de Cristo y teníamos la esperanza de su gloria muchos siglos antes de su venida; y no solamente teníamos nosotros una esperanza de su gloria, sino también todos los santos bprofetas que vivieron antes que nosotros.
       5 He aquí, ellos creyeron en Cristo y aadoraron al Padre en su nombre; y también nosotros adoramos al Padre en su nombre. Y con este fin guardamos la bley de Moisés, dado que corienta nuestras almas hacia él; y por esta razón se nos santifica como obra justa, así como le fue contado a Abraham en el desierto el ser obediente a los mandamientos de Dios al ofrecer a su hijo Isaac, que es una semejanza de Dios y de su Hijo dUnigénito.
 13.
     Jacob 7: 11, 19
       11 Y le dije yo: Entonces no las entiendes; porque en verdad testifican de Cristo. He aquí, te digo que ninguno de los profetas ha escrito ni aprofetizado sin que haya hablado concerniente a este Cristo.
           •  •  •
       19 Y dijo: Temo que haya cometido el pecado aimperdonable, pues he mentido a Dios; porque negué al Cristo, y dije que creía en las Escrituras, y éstas en verdad testifican de él. Y porque he mentido a Dios de este modo, temo mucho que mi situación sea bterrible; pero me confieso a Dios.
 14.
     Mosíah 1: 11
       11 Y además, daré a los de este pueblo un anombre, para que de ese modo se destaquen sobre todos los pueblos que el Señor Dios ha traído de la tierra de Jerusalén; y lo hago porque han sido diligentes en guardar los mandamientos del Señor.
 15.
     Mosíah 5: 6-12
       6 Ahora bien, estas palabras eran las que de ellos deseaba el rey Benjamín; y por lo tanto, les dijo: Habéis declarado las palabras que yo deseaba; y el convenio que habéis hecho es un convenio justo.
       7 Ahora pues, a causa del convenio que habéis hecho, seréis llamados aprogenie de Cristo, hijos e hijas de él, porque he aquí, hoy él os ha bengendrado espiritualmente; pues decís que vuestros ccorazones han cambiado por medio de la fe en su nombre; por tanto, habéis dnacido de él y habéis llegado a ser sus ehijos y sus hijas.
       8 Y bajo este atítulo sois blibrados, y cno hay otro título por medio del cual podáis ser librados. No hay otro dnombre dado por el cual venga la salvación; por tanto, quisiera que etomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo, todos vosotros que habéis hecho convenio con Dios de ser obedientes hasta el fin de vuestras vidas.
       9 Y sucederá que quien hiciere esto, se hallará a la diestra de Dios, porque sabrá el nombre por el cual es llamado; pues será llamado por el nombre de Cristo.
       10 Y acontecerá que quien no tome sobre sí el nombre de Cristo, tendrá que ser llamado por algún aotro nombre; por tanto, se hallará a la bizquierda de Dios.
       11 Y quisiera que también recordaseis que éste es el anombre que dije que os daría, el cual nunca sería borrado, sino por transgresión; por tanto, tened cuidado de no transgredir, para que el nombre no sea borrado de vuestros corazones.
       12 Yo os digo: Quisiera que os acordaseis de aconservar siempre escrito este nombre en vuestros corazones para que no os halléis a la izquierda de Dios, sino que oigáis y conozcáis la voz por la cual seréis llamados, y también el nombre por el cual él os llamará.
 16.
     Mosíah 14: 11
       11 Verá el afán de su alma, y quedará satisfecho; con su conocimiento, mi justo siervo justificará a muchos; porque allevará las iniquidades de ellos.
 17.
     Mosíah 15: 6-9
       6 Y tras de todo esto, después de obrar muchos grandes milagros entre los hijos de los hombres, será conducido, sí, asegún dijo Isaías: Como la oveja permanece muda ante el trasquilador, así él no babrió su boca.
       7 Sí, aun de este modo será llevado, acrucificado y muerto, la carne quedando sujeta hasta la muerte, la bvoluntad del Hijo siendo absorbida en la voluntad del Padre.
       8 Y así Dios rompe las aligaduras de la muerte, habiendo logrado la bvictoria sobre la muerte; dando al Hijo poder para cinterceder por los hijos de los hombres,
       9 habiendo ascendido al cielo, henchidas de misericordia sus entrañas, lleno de compasión por los hijos de los hombres; interponiéndose entre ellos y la justicia; habiendo quebrantado los lazos de la muerte, tomado sobre así la iniquidad y las transgresiones de ellos, habiéndolos redimido y bsatisfecho las exigencias de la justicia.
 18.
     Mosíah 25: 23
       23 Ahora pues, eran siete las iglesias que había en la tierra de Zarahemla. Y sucedió que quienes deseaban tomar sobre sí el anombre de Cristo, o sea, el de Dios, se unían a las iglesias de Dios;
 19.
     Mosíah 26: 22
       22 Porque he aquí, ésta es mi iglesia: Quienquiera que sea abautizado, será bautizado para arrepentimiento. Y aquel a quien recibas, deberá creer en mi nombre; y yo lo bperdonaré liberalmente.
 20.
     Mosíah 27: 13
       13 Sin embargo, clamó otra vez, diciendo: Alma, levántate y acércate, pues ¿por qué persigues tú la iglesia de Dios? Porque el Señor ha dicho: aÉsta es mi iglesia, y yo la estableceré; y nada la hará caer sino la transgresión de mi pueblo.
 21.
     Alma 5: 15, 50
       15 ¿Ejercéis la fe en la redención de aquel que os acreó? ¿bMiráis hacia adelante con el ojo de la fe y veis este cuerpo mortal levantado en inmortalidad, y esta corrupción clevantada en incorrupción, para presentaros ante Dios y ser djuzgados de acuerdo con las obras que se han hecho en el cuerpo mortal?
           •  •  •
       50 Sí, el Espíritu así dice: Arrepentíos todos vosotros, extremos de la tierra, porque el reino de los cielos está cerca; sí, el Hijo de Dios viene en su agloria, en su fuerza, majestad, poder y dominio. Sí, amados hermanos míos, os digo que el Espíritu dice: He aquí la gloria del bRey de toda la tierra; y también el Rey del cielo brillará muy pronto entre todos los hijos de los hombres.
 22.
     Alma 11: 40-41
       40 y vendrá al amundo para bredimir a su pueblo; y ctomará sobre sí las transgresiones de aquellos que crean en su nombre; y éstos son los que tendrán vida eterna, y a nadie más viene la salvación.
       41 Por tanto, los malvados permanecen como si no se hubiese hecho aninguna redención, a menos que sea el rompimiento de las ligaduras de la muerte; pues he aquí, viene el día en que btodos se levantarán de los muertos y comparecerán delante de Dios, y serán cjuzgados según sus obras.
 23.
     Alma 12: 12, 15
       12 Y Amulek ha hablado con claridad acerca de la amuerte y de ser levantados de esta existencia mortal a un estado de inmortalidad, y ser llevados ante el tribunal de Dios para ser bjuzgados según nuestras obras.
           •  •  •
       15 Mas esto no puede ser; tendremos que ir y presentarnos ante él en su gloria, y en su poder, y en su fuerza, majestad y dominio, y reconocer, para nuestra eterna avergüenza, que todos sus bjuicios son rectos; que él es justo en todas sus obras y que es misericordioso con los hijos de los hombres, y que tiene todo poder para salvar a todo hombre que crea en su nombre y dé fruto digno de arrepentimiento.
 24.
     Alma 33: 19, 22
       19 He aquí, aMoisés habló de él; sí, y he aquí, fue blevantado un csímbolo en el desierto, para que quien mirara a él, viviera; y muchos miraron y vivieron.
           •  •  •
       22 Si es así, ¡ay de vosotros! Pero si no, mirad y aempezad a creer en el Hijo de Dios, que vendrá para redimir a los de su pueblo, y que padecerá y morirá para bexpiar los pecados de ellos; y que se clevantará de entre los muertos, lo cual efectuará la dresurrección, a fin de que todos los hombres comparezcan ante él, para ser juzgados en el día postrero, sí, el día del juicio, según sus eobras.
 25.
     Alma 46: 15
       15 Y los que pertenecían a la iglesia eran fieles; sí, todos los que eran creyentes verdaderos en Cristo gozosamente tomaron sobre sí el anombre de Cristo, o sea, bcristianos, como les decían, por motivo de su creencia en Cristo que había de venir.
 26.
     Hel. 3: 28
       28 Sí, así vemos que la apuerta del cielo está abierta para btodos, sí, para todos los que quieran creer en el nombre de Jesucristo, que es el Hijo de Dios.
 27.
     Hel. 8: 14-15
       14 Sí, ¿no testificó él que vendría el Hijo de Dios? Y así como él alevantó la serpiente de bronce en el desierto, así será levantado aquel que ha de venir.
       15 Y así como cuantos miraron a esa serpiente avivieron, de la misma manera cuantos miraren al Hijo de Dios con fe, teniendo un espíritu contrito, bvivirán, sí, esa vida que es eterna.
 28.
     Hel. 14: 2-6, 12, 20-27
       2 Y les dijo: He aquí, os doy una aseñal; porque han de pasar cinco años más y, he aquí, entonces viene el Hijo de Dios para redimir a todos los que crean en su nombre.
       3 Y he aquí, esto os daré por señal al tiempo de su venida: porque he aquí, habrá grandes luces en el cielo, de modo que no habrá obscuridad en la noche anterior a su venida, al grado de que a los hombres les parecerá que es de día.
       4 Por tanto, habrá un día y una noche y un día, como si fuera un solo día y no hubiera noche; y esto os será por señal; porque os percataréis de la salida del sol y también de su puesta; por tanto, sabrán de seguro que habrá dos días y una noche; sin embargo, no se obscurecerá la noche; y será la noche antes que aél nazca.
       5 Y he aquí, aparecerá una aestrella nueva, tal como nunca habéis visto; y esto también os será por señal.
       6 Y he aquí, esto no es todo, habrá muchas señales y prodigios en el cielo.
           •  •  •
       12 y también para que sepáis de la venida de Jesucristo, el Hijo de Dios, el aPadre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y para que sepáis acerca de las señales de su venida, con objeto de que creáis en su nombre.
           •  •  •
       20 Mas he aquí, como os dije concerniente a otra aseñal, una señal de su muerte, he aquí, el día en que padezca la muerte, se bobscurecerá el sol, y rehusará daros su luz; y también la luna y las estrellas; y no habrá luz sobre la superficie de esta tierra durante ctres días, sí, desde la hora en que sufra la muerte, hasta el momento en que resucite de entre los muertos.
       21 Sí, en el momento en que entregue el espíritu, habrá atruenos y relámpagos por el espacio de muchas horas, y la tierra se conmoverá y temblará; y las rocas que están sobre la haz de la tierra, que se hallan tanto sobre la tierra como por debajo, y que hoy sabéis que son macizas, o que la mayor parte son una masa sólida, se harán bpedazos;
       22 sí, se partirán por la mitad, y para siempre jamás después se ahallarán con grietas y hendiduras, y en fragmentos sobre la superficie de toda la tierra, sí, tanto encima de la tierra como por debajo.
       23 Y he aquí, habrá grandes tempestades; y habrá muchas montañas que serán hechas llanas, a semejanza de un valle, y habrá muchos parajes que ahora se llaman valles, que se convertirán en montañas de una altura inmensa.
       24 Y muchas calzadas se harán pedazos, y muchas aciudades quedarán desoladas.
       25 Y se abrirán muchos asepulcros, y entregarán a un gran número de sus muertos; y muchos santos se aparecerán a muchos.
       26 Y he aquí, así me ha hablado el aángel; porque me dijo que habría truenos y relámpagos por el espacio de muchas horas.
       27 Y me dijo que mientras durasen los truenos y relámpagos y la tempestad, se verificarían estas cosas; y que atinieblas cubrirían la faz de toda la tierra por el espacio de tres días.
 29.
     3 Ne. 1: 12-21
       12 Y sucedió que atodo ese día imploró fervorosamente al Señor, y he aquí, la voz del Señor vino a él, diciendo:
       13 Alza la cabeza y sé de buen ánimo, pues he aquí, ha llegado el momento; y esta noche se dará la señal, y amañana vengo al mundo para mostrar al mundo que he de cumplir todas las cosas que he hecho bdeclarar por boca de mis santos profetas.
       14 He aquí, avengo a los míos para bcumplir todas las cosas que he dado a conocer a los hijos de los hombres desde la cfundación del mundo, y para hacer la voluntad dasí la del Padre como la del Hijo: la del Padre por causa de mí, y la del Hijo por causa de mi carne. He aquí, ha llegado el momento y esta noche se dará la señal.
       15 Y aconteció que se cumplieron las palabras que se dieron a Nefi, tal como fueron dichas; porque he aquí, a la puesta del sol, ano hubo obscuridad; y el pueblo empezó a asombrarse porque no hubo obscuridad al caer la noche.
       16 Y hubo muchos, que no habían creído las palabras de los profetas, que acayeron a tierra y se quedaron como si estuviesen muertos, pues sabían que se había frustrado el gran bplan de destrucción que habían tramado contra aquellos que creían en las palabras de los profetas; porque la señal que se había indicado estaba ya presente.
       17 Y empezaron a comprender que el Hijo de Dios pronto aparecería; sí, en una palabra, todos los habitantes sobre la faz de toda la tierra, desde el oeste hasta el este, tanto en la tierra del norte como en la tierra del sur, se asombraron a tal extremo que cayeron al suelo;
       18 porque sabían que los profetas habían dado testimonio de esas cosas por muchos años, y que la señal que se había indicado ya estaba a la vista; y empezaron a temer por motivo de su iniquidad e incredulidad.
       19 Y sucedió que no hubo obscuridad durante toda esa noche, sino que estuvo tan claro como si fuese mediodía. Y aconteció que en la mañana el sol salió de nuevo, según su orden natural; y entendieron que ése era el día en que había de anacer el Señor, por motivo de la señal que se había dado.
       20 Y habían acontecido, sí, todas las cosas, toda partícula, según las palabras de los profetas.
       21 Y aconteció también que apareció una nueva aestrella, de acuerdo con la palabra.
 30.
     3 Ne. 8: 5-23
       5 Y sucedió que en el año treinta y cuatro, en el cuarto día del primer mes, se desató una gran tormenta, como jamás se había conocido en toda la tierra.
       6 Y hubo también una grande y horrenda tempestad; y hubo terribles atruenos de tal modo que bsacudían toda la tierra como si estuviera a punto de dividirse.
       7 Y hubo relámpagos extremadamente resplandecientes, como nunca se habían visto en toda la tierra.
       8 Y se incendió la aciudad de Zarahemla.
       9 Y se hundió la ciudad de Moroni en las profundidades del mar, y sus habitantes se ahogaron.
       10 Y se amontonó la tierra sobre la ciudad de Moroníah, de modo que en lugar de la ciudad, apareció una enorme montaña.
       11 Y hubo una destrucción grande y terrible en la tierra del sur.
       12 Pero he aquí, hubo una destrucción mucho más grande y terrible en la tierra del norte; pues he aquí, toda la faz de la tierra fue alterada por causa de la tempestad, y los torbellinos, y los truenos, y los relámpagos, y los sumamente violentos temblores de toda la tierra;
       13 y se rompieron las acalzadas, y se desnivelaron los caminos, y muchos terrenos llanos se hicieron escabrosos.
       14 Y se ahundieron muchas grandes y notables ciudades, y muchas se incendiaron, y muchas fueron sacudidas hasta que sus edificios cayeron a tierra, y sus habitantes murieron, y los sitios quedaron desolados.
       15 Y hubo algunas ciudades que permanecieron; pero el daño que sufrieron fue sumamente grande, y muchos de sus habitantes murieron.
       16 Y hubo algunos que fueron arrebatados por el torbellino; y nadie sabe a dónde fueron a parar, sólo saben que fueron arrebatados.
       17 Y así quedó desfigurada la superficie de toda la tierra por motivo de las tempestades, y los truenos, y los relámpagos, y los temblores de tierra.
       18 Y he aquí, las arocas se partieron; fueron despedazadas sobre la superficie de toda la tierra, de tal modo que se hallaron hechas pedazos, y partidas y hendidas, sobre toda la faz de la tierra.
       19 Y aconteció que cuando cesaron los truenos, y los relámpagos, y la tormenta, y la tempestad, y los temblores de la tierra —pues he aquí, duraron como unas atres horas; y algunos dijeron que fue más tiempo; no obstante, todas estas grandes y terribles cosas acontecieron en el espacio de unas tres horas— he aquí, entonces hubo tinieblas sobre la faz de la tierra.
       20 Y sucedió que hubo densa obscuridad sobre toda la faz de la tierra, de tal manera que los habitantes que no habían caído podían asentir el bvapor de tinieblas;
       21 y no podía haber luz por causa de la obscuridad, ni velas, ni antorchas; ni podía encenderse el fuego con su leña menuda y bien seca, de modo que no podía haber ninguna luz.
       22 Y no se veía luz alguna, ni fuego, ni vislumbre, ni el sol, ni la luna, ni las estrellas, por ser tan densos los vapores de obscuridad que había sobre la faz de la tierra.
       23 Y sucedió que duró por el espacio de atres días, de modo que no se vio ninguna luz; y hubo grandes lamentaciones, gritos y llantos continuamente entre todo el pueblo; sí, grandes fueron los gemidos del pueblo por motivo de las tinieblas y la gran destrucción que les había sobrevenido.
 31.
     3 Ne. 11: 1-17
       1 Y aconteció que se hallaba reunida una gran multitud del pueblo de Nefi en los alrededores del templo que se encontraba en la tierra de Abundancia, y estaban maravillándose y asombrándose entre sí, y mostrándose los unos a los otros el agrande y maravilloso cambio que se había verificado.
       2 Y también estaban conversando acerca de este Jesucristo, de quien se había dado la aseñal tocante a su muerte.
       3 Y aconteció que mientras así conversaban, unos con otros, oyeron una avoz como si viniera del cielo; y miraron alrededor, porque no entendieron la voz que oyeron; y no era una voz áspera ni una voz fuerte; no obstante, y a pesar de ser una voz bsuave, penetró hasta lo más profundo de los que la oyeron, de tal modo que no hubo parte de su cuerpo que no hiciera estremecer; sí, les penetró hasta el alma misma, e hizo arder sus corazones.
       4 Y sucedió que de nuevo oyeron la voz, y no la entendieron.
       5 Y nuevamente por tercera vez oyeron la voz, y aguzaron el oído para escucharla; y tenían la vista fija en dirección del sonido; y miraban atentamente hacia el cielo, de donde venía el sonido.
       6 Y he aquí, la tercera vez entendieron la voz que oyeron; y les dijo:
       7 He aquí a mi aHijo Amado, ben quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd.
       8 Y aconteció que al entender, dirigieron la vista hacia el cielo otra vez; y he aquí, avieron a un Hombre que descendía del cielo; y estaba vestido con una túnica blanca; y descendió y se puso en medio de ellos. Y los ojos de toda la multitud se fijaron en él, y no se atrevieron a abrir la boca, ni siquiera el uno al otro, y no sabían lo que significaba, porque suponían que era un ángel que se les había aparecido.
       9 Y aconteció que extendió la mano, y habló al pueblo, diciendo:
       10 He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo.
       11 Y he aquí, soy la aluz y la vida del mundo; y he bebido de la amarga bcopa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, ctomando sobre mí los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la dvoluntad del Padre en todas las cosas desde el principio.
       12 Y sucedió que cuando Jesús hubo hablado estas palabras, toda la multitud cayó al suelo; pues recordaron que se había aprofetizado entre ellos que Cristo se les manifestaría después de su ascensión al cielo.
       13 Y ocurrió que les habló el Señor, diciendo:
       14 Levantaos y venid a mí, para que ametáis vuestras manos en mi costado, y para que también bpalpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el cDios de Israel, y el Dios de toda la dtierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo.
       15 Y aconteció que los de la multitud se adelantaron y metieron las manos en su costado, y palparon las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies; y esto hicieron, yendo uno por uno, hasta que todos hubieron llegado; y vieron con los ojos y palparon con las manos, y supieron con certeza, y dieron testimonio de que aera él, de quien habían escrito los profetas que había de venir.
       16 Y cuando todos hubieron ido y comprobado por sí mismos, exclamaron a una voz, diciendo:
       17 ¡Hosanna! ¡Bendito sea el nombre del Más Alto Dios! Y cayeron a los pies de Jesús, y lo aadoraron.
 32.
     3 Ne. 12: 48
       48 Por tanto, quisiera que fueseis aperfectos así como yo, o como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
 33.
     3 Ne. 17: 16-25
       16 Y de esta manera testifican: Jamás el aojo ha visto ni el oído escuchado, antes de ahora, tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos que Jesús habló al Padre;
       17 y no hay alengua que pueda hablar, ni hombre alguno que pueda escribir, ni corazón de hombre que pueda concebir tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos a Jesús hablar; y nadie puede conceptuar el gozo que llenó nuestras almas cuando lo oímos rogar por nosotros al Padre.
       18 Y aconteció que cuando Jesús hubo concluido de orar al Padre, se levantó; pero era tan grande el agozo de la multitud, que fueron dominados.
       19 Y sucedió que Jesús les habló, y mandó que se levantaran.
       20 Y se levantaron del suelo, y les dijo: Benditos sois a causa de vuestra fe. Y ahora he aquí, es completo mi gozo.
       21 Y cuando hubo dicho estas palabras, alloró, y la multitud dio testimonio de ello; y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bbendijo, y rogó al Padre por ellos.
       22 Y cuando hubo hecho esto, lloró de nuevo;
       23 y habló a la multitud, y les dijo: Mirad a vuestros pequeñitos.
       24 Y he aquí, al levantar la vista para ver, dirigieron la mirada al cielo, y vieron abrirse los cielos, y vieron ángeles que descendían del cielo cual si fuera en medio de fuego; y bajaron y acercaron a aquellos pequeñitos, y fueron rodeados de fuego; y los ángeles les ministraron.
       25 Y la multitud vio y oyó y dio testimonio; y saben que su testimonio es verdadero, porque todos ellos vieron y oyeron, cada cual por sí mismo; y llegaba su número a unas dos mil quinientas almas; y se componía de hombres, mujeres y niños.
 34.
     3 Ne. 18: 6, 16
       6 Y siempre procuraréis hacer esto, tal como yo lo he hecho, así como he partido pan y lo he bendecido y os lo he dado.
           •  •  •
       16 Y así como he orado entre vosotros, así oraréis en mi iglesia, entre los de mi pueblo que se arrepientan y se bauticen en mi nombre. He aquí, yo soy la aluz; yo os he dado el bejemplo.
 35.
     3 Ne. 26: 3, 5
       3 Y les explicó todas las cosas, aun desde el principio hasta la época en que él viniera en su agloria; sí, todas las cosas que habrían de suceder sobre la faz de la tierra, hasta que los belementos se derritieran con calor abrasador, y la tierra se cplegara como un rollo, y pasaran los cielos y la tierra;
           •  •  •
       5 si fueren buenas, a la aresurrección de vida eterna; y si fueren malas, a la resurrección de condenación; por lo que constituyen un paralelo, lo uno por un lado y lo otro por el otro, según la misericordia, y la bjusticia, y la santidad que hay en Cristo, el cual existía desde cantes del principio del mundo.
 36.
     3 Ne. 27: 3-8, 13-16, 21, 27
       3 Y ellos le dijeron: Señor, deseamos que nos digas el nombre por el cual hemos de llamar esta iglesia; porque hay disputas entre el pueblo concernientes a este asunto.
       4 Y el Señor les dijo: De cierto, de cierto os digo: ¿Por qué es que este pueblo ha de murmurar y disputar a causa de esto?
       5 ¿No han leído las Escrituras que dicen que debéis tomar sobre vosotros el anombre de Cristo, que es mi nombre? Porque por este nombre seréis llamados en el postrer día;
       6 y el que tome sobre sí mi nombre, y apersevere hasta el fin, éste se salvará en el postrer día.
       7 Por tanto, cualquier cosa que hagáis, la haréis en mi nombre, de modo que daréis mi nombre a la iglesia; y en mi nombre pediréis al Padre que bendiga a la iglesia por mi causa.
       8 ¿Y cómo puede ser ami biglesia salvo que lleve mi nombre? Porque si una iglesia lleva el nombre de Moisés, entonces es la iglesia de Moisés; o si se le da el nombre de algún hombre, entonces es la iglesia de ese hombre; pero si lleva mi nombre, entonces es mi iglesia, si es que están fundados sobre mi evangelio.
           •  •  •
       13 He aquí, os he dado mi aevangelio, y éste es el evangelio que os he dado: que vine al mundo a cumplir la bvoluntad de mi Padre, porque mi Padre me envió.
       14 Y mi Padre me envió para que fuese alevantado sobre la cruz; y que después de ser levantado sobre la cruz, pudiese batraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como he sido levantado por los hombres, así también los hombres sean levantados por el Padre, para comparecer ante mí, para ser cjuzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas;
       15 y por esta razón he sido alevantado; por consiguiente, de acuerdo con el poder del Padre, atraeré a mí mismo a todos los hombres, para que sean juzgados según sus obras.
       16 Y sucederá que cualquiera que se aarrepienta y se bbautice en mi nombre, será lleno; y si cpersevera hasta el fin, he aquí, yo lo tendré por inocente ante mi Padre el día en que me presente para juzgar al mundo.
           •  •  •
       21 En verdad, en verdad os digo que éste es mi evangelio; y vosotros sabéis las cosas que debéis hacer en mi iglesia; pues las obras que me habéis visto hacer, ésas también las haréis; porque aquello que me habéis visto hacer, eso haréis vosotros.
           •  •  •
       27 Y sabed que avosotros seréis los jueces de este pueblo, según el juicio que yo os daré, el cual será justo. Por lo tanto, ¿qué bclase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun ccomo yo soy.
 37.
     Mormón 1: 15
       15 Y habiendo llegado yo a la edad de quince años, y siendo de carácter algo serio, por tanto, me visitó el Señor, y probé y conocí la bondad de Jesús.
 38.
     Mormón 3: 20
       20 Y el Espíritu me manifiesta estas cosas; por lo tanto, os escribo a todos vosotros. Y por esta razón os escribo, para que sepáis que todos tendréis que comparecer ante el atribunal de Cristo, sí, toda alma que pertenece a toda la bfamilia humana de Adán; y debéis presentaros para ser juzgados por vuestras obras, ya sean buenas o malas;
 39.
     Mormón 7: 6
       6 Y él lleva a efecto la aresurrección de los muertos, mediante la cual los hombres resucitarán para presentarse ante su btribunal.
 40.
     Éter 3: 14-17
       14 He aquí, yo soy el que fue preparado desde la fundación del mundo para aredimir a mi pueblo. He aquí, soy Jesucristo. Soy el bPadre y el Hijo. En mí todo el género humano tendrá cvida, y la tendrá eternamente, sí, aun cuantos crean en mi nombre; y llegarán a ser mis dhijos y mis hijas.
       15 Y nunca me he mostrado al hombre a quien he creado, porque jamás ha acreído en mí el hombre como tú lo has hecho. ¿Ves que eres creado a mi propia bimagen? Sí, en el principio todos los hombres fueron creados a mi propia imagen.
       16 He aquí, este cuerpo que ves ahora es el cuerpo de mi aespíritu; y he creado al hombre a semejanza del cuerpo de mi espíritu; y así como me aparezco a ti en el espíritu, apareceré a mi pueblo en la carne.
       17 Y ahora bien, dado que yo, Moroni, dije que no podía hacer una relación completa de estas cosas que están escritas, bástame, por tanto, decir que Jesús se mostró a este hombre en el espíritu, según la manera y a semejanza del mismo cuerpo con que se amostró a los nefitas.
 41.
     Éter 4: 19
       19 Y bendito es aquel que sea hallado afiel a mi nombre en el postrer día, porque será enaltecido para morar en el reino preparado para él bdesde la fundación del mundo. Y he aquí, yo soy quien lo ha hablado. Amén.
 42.
     Éter 12: 38, 41
       38 Y ahora yo, Moroni, me despido de los gentiles, sí, y también de mis hermanos a quienes amo, hasta que nos encontremos ante el atribunal de Cristo, donde todos los hombres sabrán que mis bvestidos no se han manchado con vuestra sangre.
           •  •  •
       41 Y ahora quisiera exhortaros a abuscar a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre, y también del Señor Jesucristo, y del Espíritu Santo, que da btestimonio de ellos, esté y permanezca en vosotros para siempre jamás. Amén.
 43.
     Moroni 4: 3
       3 Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este apan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en bmemoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí el cnombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que él les ha dado, para que siempre puedan tener su dEspíritu consigo. Amén.
 44.
     Moroni 6: 1-4
       1 Y ahora hablo concerniente al abautismo. He aquí, eran bautizados élderes, presbíteros y maestros; y no eran bautizados a menos que dieran frutos apropiados para manifestar que eran bdignos de ello.
       2 Ni tampoco recibían a nadie para el bautismo, a menos que viniese con un acorazón quebrantado y un espíritu contrito, y testificase a la iglesia que verdaderamente se había arrepentido de todos sus pecados.
       3 Y a nadie recibían para el bautismo, a menos que atomara sobre sí el nombre de Cristo, teniendo la determinación de servirle hasta el fin.
       4 Y después que habían sido recibidos por el bautismo, y el poder del Espíritu Santo había obrado en ellos y los había apurificado, eran contados entre los del pueblo de la iglesia de Cristo; y se inscribían sus bnombres, a fin de que se hiciese memoria de ellos y fuesen nutridos por la buena palabra de Dios, para guardarlos en el camino recto, para conservarlos continuamente catentos a orar, dconfiando solamente en los méritos de Cristo, que era el eautor y perfeccionador de su fe.
 45.
     Moroni 7: 48
       48 Por consiguiente, amados hermanos míos, apedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son bdiscípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo; para que lleguéis a ser hijos de Dios; para que cuando él aparezca, cseamos semejantes a él, porque lo veremos tal como es; para que tengamos esta esperanza; para que seamos dpurificados así como él es puro. Amén.
 46.
     DyC 18: 21-25
       21 Tomad sobre vosotros el anombre de Cristo, y bdeclarad la verdad con csolemnidad.
       22 Y cuantos se arrepientan y se abauticen en mi nombre —el cual es Jesucristo— y bperseveren hasta el fin, tales serán salvos.
       23 He aquí, Jesucristo es el anombre dado por el Padre, y no hay otro nombre dado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo;
       24 así que, es preciso que todos los hombres tomen sobre sí el nombre dado por el Padre, porque por ese nombre serán llamados en el postrer día;
       25 por tanto, si no saben el anombre por el cual son llamados, no hay lugar para ellos en el breino de mi Padre.
 47.
     DyC 19: 24
       24 Yo soy aJesucristo; vine por la voluntad del Padre, y su voluntad cumplo.
 48.
     DyC 20: 77
       77 Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este apan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y btestifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a ctomar sobre sí el nombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a dguardar sus mandamientos que él les ha dado, para que siempre puedan tener su eEspíritu consigo. Amén.
 49.
     DyC 29: 11-12
       11 porque con poder y gran gloria me revelaré desde los cielos, con todas sus ahuestes, y moraré en brectitud con los hombres sobre la tierra cmil años, y los malvados no permanecerán.
       12 Y además, de cierto, de cierto os digo, y ha salido como un firme decreto por la voluntad del Padre, que mis aapóstoles, los Doce que estuvieron conmigo durante mi ministerio en Jerusalén, estarán a mi diestra, el día de mi venida en una columna de bfuego, ataviados con vestidos de rectitud, y con coronas sobre sus cabezas, en cgloria igual que yo, para djuzgar a toda la casa de Israel, sí, a cuantos me hayan amado y guardado mis mandamientos, y a ningún otro.
 50.
     DyC 33: 5
       5 Y de cierto, de cierto os digo, que he aestablecido esta biglesia y la he llamado del desierto.
 51.
     DyC 43: 29-30
       29 Porque en mi propio y debido tiempo avendré sobre la tierra en juicio, y mi pueblo será redimido y reinará conmigo sobre la tierra.
       30 Porque vendrá el gran aMilenio, del cual he hablado por boca de mis siervos.
 52.
     DyC 45: 44
       44 y entonces me buscarán, y he aquí, vendré; y me verán en las nubes del cielo, revestido de poder y gran agloria, con todos los santos ángeles; y el que no me esté besperando será desarraigado.
 53.
     DyC 58: 22
       22 Sujetaos, pues, a las potestades existentes, hasta que reine aaquel cuyo derecho es reinar, y someta a todos sus enemigos debajo de sus pies.
 54.
     DyC 76: 19-24, 40-42, 50-53, 62-63, 68
       19 Y mientras ameditábamos en estas cosas, el Señor tocó los ojos de nuestro entendimiento y fueron abiertos, y la gloria del Señor brilló alrededor.
       20 Y vimos la agloria del Hijo, a la bdiestra del cPadre, y recibimos de su plenitud;
       21 y vimos a los santos aángeles y a los que son bsantificados delante de su trono, adorando a Dios y al Cordero, y lo cadoran para siempre jamás.
       22 Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el atestimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que bvive!
       23 Porque lo avimos, sí, a la diestra de bDios; y oímos la voz testificar que él es el cUnigénito del Padre;
       24 que por aél, por medio de él y de él los bmundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados chijos e hijas para Dios.
           •  •  •
       40 Y éste es el aevangelio, las buenas nuevas, que la voz de los cielos nos testificó:
       41 Que vino al mundo, sí, Jesús, para ser acrucificado por el mundo y para bllevar los pecados del cmundo, y para dsantificarlo y elimpiarlo de toda iniquidad;
       42 para que por medio de él fuesen asalvos todos aquellos a quienes el Padre había puesto en su poder y había hecho mediante él;
           •  •  •
       50 Y otra vez testificamos, porque vimos y oímos, y éste es el atestimonio del evangelio de Cristo concerniente a los que saldrán en la bresurrección de los justos:
       51 Éstos son los que recibieron el testimonio de Jesús, y acreyeron en su nombre, y fueron bbautizados según la cmanera de su sepultura, siendo dsepultados en el agua en su nombre; y esto de acuerdo con el mandamiento que él ha dado,
       52 para que, guardando los mandamientos, fuesen alavados y blimpiados de todos sus pecados, y recibiesen el Santo Espíritu por la imposición de las cmanos del que es dordenado y sellado para ejercer este epoder;
       53 y son quienes vencen por la fe, y son asellados por el bSanto Espíritu de la promesa, que el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles.
           •  •  •
       62 Éstos amorarán en la bpresencia de Dios y de su Cristo para siempre jamás.
       63 Éstos son alos que él traerá consigo cuando bvenga en las nubes del cielo para creinar en la tierra sobre su pueblo.
           •  •  •
       68 Son aquellos cuyos nombres están aescritos en el cielo, donde Dios y Cristo son los bjueces de todo.
 55.
     DyC 93: 3-4, 6, 16-17, 21
       3 y que soy aen el Padre, y el Padre en mí, y el Padre y yo somos uno,
       4 el Padre, aporque me bdio de su plenitud, y el Hijo, porque estuve en el mundo, e hice de la ccarne mi tabernáculo y habité entre los hijos de los hombres.
           •  •  •
       6 Y aJuan vio la plenitud de mi bgloria y dio testimonio de ella; y la plenitud del ctestimonio de Juan más adelante ha de ser revelada.
           •  •  •
       16 Y yo, Juan, testifico que recibió la plenitud de la gloria del Padre;
       17 y recibió atodo bpoder, tanto en el cielo como en la tierra, y la gloria del cPadre fue con él, porque moró en él.
           •  •  •
       21 Y ahora, de cierto os digo, yo estuve en el aprincipio con el Padre, y soy el bPrimogénito;
 56.
     DyC 107: 48-49
       48 aEnoc tenía veinticinco años de edad cuando fue ordenado por mano de Adán; y tenía sesenta y cinco años, y Adán lo bendijo.
       49 Y Enoc vio al Señor y anduvo con él, y estuvo delante de su faz continuamente; y acaminó Enoc con Dios trescientos sesenta y cinco años, de manera que tenía cuatrocientos treinta años de edad cuando fue btrasladado.
 57.
     DyC 110: 1-4
       1 El avelo fue retirado de nuestras mentes, y los bojos de nuestro entendimiento fueron abiertos.
       2 Vimos al Señor sobre el barandal del púlpito, delante de nosotros; y debajo de sus pies había un pavimento de oro puro del color del ámbar.
       3 Sus aojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su bsemblante brillaba más que el resplandor del sol; y su cvoz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de dJehová, que decía:
       4 Soy el aprimero y el último; soy el que bvive, soy el que fue muerto; soy vuestro cabogado ante el Padre.
 58.
     DyC 132: 24
       24 Esto es avidas eternas: Conocer al único Dios sabio y verdadero, y a Jesucristo a quien él ha benviado. Yo soy él. Recibid, pues, mi ley.
 59.
     DyC 135: 5
       5 Y sucedió que le imploré al Señor que diera gracia a los gentiles, para que tuviesen caridad. Y aconteció que el Señor me dijo: Si no tienen caridad, es cosa que nada tiene que ver contigo; tú has sido fiel; por tanto, tus vestidos se hallan alimpios. Y porque has visto tu debilidad, serás fortalecido, aun hasta sentarte en el lugar que he preparado en las mansiones de mi Padre. Y ahora... me despido de los gentiles; sí, y también de mis hermanos a quienes amo, hasta que nos encontremos ante el btribunal de Cristo, donde todos los hombres sabrán que mis vestidos no se han manchado con vuestra sangre. Los ctestadores ahora han muerto, y su testamento está en vigor.
 60.
     Moisés 1: 1-11, 31-33, 39
       1 Las palabras de Dios, las cuales ahabló a bMoisés en una ocasión en que Moisés fue arrebatado a una montaña extremadamente alta,
       2 y avio a Dios bcara a cara, y habló con él, y la cgloria de Dios cubrió a Moisés; por lo tanto, Moisés pudo dsoportar su presencia.
       3 Y Dios habló a Moisés, diciendo: He aquí, soy el Señor Dios aOmnipotente, y bSin Fin es mi nombre; porque soy sin principio de días ni fin de años; ¿y no es esto sin fin?
       4 He aquí, tú eres mi hijo; amira, pues, y te mostraré las obras de mis bmanos; pero no todas, porque mis cobras son sin dfin, y también mis epalabras, porque jamás cesan.
       5 Por consiguiente, ningún hombre puede contemplar todas mis obras sin ver toda mi gloria; y ningún hombre puede ver toda mi gloria y después permanecer en la carne sobre la tierra.
       6 Y tengo una obra para ti, Moisés, hijo mío; y tú eres a asemejanza de mi bUnigénito; y mi Unigénito es y será el cSalvador, porque es lleno de dgracia y de everdad; pero aparte de mí fno hay Dios, y para mí todas las cosas están presentes, porque todas las gconozco.
       7 Y ahora bien, he aquí, te revelo sólo esto, Moisés, hijo mío, porque tú estás en el mundo, y ahora te lo muestro.
       8 Y aconteció que Moisés miró, y vio el amundo sobre el cual fue creado; y bvio Moisés el mundo y sus confines, y todos los hijos de los hombres que son y que fueron creados, de lo cual grandemente se cmaravilló y se asombró.
       9 Y la presencia de Dios se apartó de Moisés, de modo que su gloria ya no lo cubría; y Moisés quedó a solas; y al quedar a solas, cayó a tierra.
       10 Y sucedió que por el espacio de muchas horas Moisés no pudo recobrar su afuerza natural según el hombre, y se dijo a sí mismo: Por esta causa, ahora sé que el hombre no es bnada, cosa que yo nunca me había imaginado.
       11 Pero ahora mis propios ojos han visto a aDios; pero no mis ojos bnaturales, sino mis ojos espirituales; porque mis ojos naturales no hubieran podido ver; porque habría cdesfallecido y me habría dmuerto en su presencia; mas su gloria me cubrió, y vi su erostro, porque fui ftransfigurado delante de él.
           •  •  •
       31 Y he aquí, la gloria del Señor cubrió a Moisés, de modo que Moisés estuvo en la presencia de Dios y habló con él acara a cara. Y Dios el Señor le dijo a Moisés: Para mi propio bfin he hecho estas cosas. He aquí sabiduría, y en mí permanece.
       32 Y las he creado por la apalabra de mi poder, que es mi Hijo Unigénito, lleno de bgracia y de cverdad.
       33 Y he acreado bincontables mundos, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi cUnigénito, los he creado.
           •  •  •
       39 Porque, he aquí, ésta es mi aobra y mi bgloria: Llevar a cabo la cinmortalidad y la dvida eterna del hombre.
 61.
     Moisés 4: 2
       2 Pero, he aquí, mi aHijo Amado, que fue mi Amado y mi bEscogido desde el principio, me dijo: cPadre, hágase tu dvoluntad, y sea tuya la egloria para siempre.
 62.
     Moisés 5: 4-8, 20
       4 Y Adán y Eva, su esposa, invocaron el nombre del Señor, y oyeron la voz del Señor que les hablaba en dirección del Jardín de aEdén, y no lo vieron, porque se encontraban excluidos de su bpresencia.
       5 Y les dio mandamientos de que aadorasen al Señor su Dios y ofreciesen las bprimicias de sus rebaños como ofrenda al Señor. Y Adán fue cobediente a los mandamientos del Señor.
       6 Y después de muchos días, un aángel del Señor se apareció a Adán y le dijo: ¿Por qué ofreces bsacrificios al Señor? Y Adán le contestó: No sé, sino que el Señor me lo mandó.
       7 Entonces el ángel le habló, diciendo: Esto es una asemejanza del bsacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de cgracia y de verdad.
       8 Por consiguiente, harás todo cuanto hicieres en el anombre del Hijo, y te barrepentirás e cinvocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás.
           •  •  •
       20 Y Abel también trajo de las primicias de su rebaño, y de su grosura. Y el Señor miró con agrado a Abel y su aofrenda;
 63.
     Abr. 2: 6-8
       6 Mas yo, Abraham, y aLot, el hijo de mi hermano, oramos al Señor, y el Señor se me bapareció y me dijo: Levántate y toma a Lot contigo; porque me he propuesto sacarte de Harán y hacer de ti un ministro para llevar mi cnombre en una dtierra extraña que daré por posesión perpetua a los de tu descendencia después de ti, cuando escuchen mi voz.
       7 Porque yo soy el Señor tu Dios; yo habito en el cielo; la tierra es el aestrado de mis pies; extiendo mi mano sobre el mar, y obedece mi voz; hago que el viento y el fuego me sean por bcarro; a las montañas digo: Idos de aquí; y he aquí, se las lleva el torbellino en un instante, repentinamente.
       8 aJehová es mi nombre, y bconozco el fin desde el principio; por lo tanto, te cubriré con mi mano.
 64.
     Abr. 3: 27
       27 Y el aSeñor dijo: ¿A quién enviaré? Y respondió uno semejante al bHijo del Hombre: Heme aquí; envíame. Y cotro contestó, y dijo: Heme aquí; envíame a mí. Y el Señor dijo: Enviaré al primero.
 65.
     JS–H 1: 15-20
       15 Después de apartarme al lugar que previamente había designado, mirando a mi derredor y encontrándome solo, me arrodillé y empecé a elevar a Dios el deseo de mi corazón. Apenas lo hube hecho, cuando súbitamente se apoderó de mí una fuerza que me dominó por completo, y surtió tan asombrosa influencia en mí, que se me trabó la lengua, de modo que no pude hablar. Una densa obscuridad se formó alrededor de mí, y por un momento me pareció que estaba destinado a una destrucción repentina.
       16 Mas esforzándome con todo mi aliento por apedirle a Dios que me librara del poder de este enemigo que se había apoderado de mí, y en el momento en que estaba para hundirme en la desesperación y entregarme a la destrucción —no a una ruina imaginaria, sino al poder de un ser efectivo del mundo invisible que ejercía una fuerza tan asombrosa como yo nunca había sentido en ningún otro ser— precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de bluz, más brillante que el csol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.
       17 No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, avi en el aire arriba de mí a bdos Personajes, cuyo fulgor y cgloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi dHijo eAmado: ¡Escúchalo!
       18 Había sido mi objeto arecurrir al Señor para saber cuál de todas las sectas era la verdadera, a fin de saber a cuál unirme. Por tanto, luego que me hube recobrado lo suficiente para poder hablar, pregunté a los Personajes que estaban en la luz arriba de mí, cuál de todas las sectas era la verdadera (porque hasta ese momento nunca se me había ocurrido pensar que todas estuvieran en error), y a cuál debía unirme.
       19 Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en aerror; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que “con sus labios me bhonran, pero su ccorazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los dmandamientos de los hombres, teniendo eapariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella”.
       20 De nuevo me mandó que no me uniera a ninguna de ellas; y muchas otras cosas me dijo que no puedo escribir en esta ocasión. Cuando otra vez volví en mí, me encontré de espaldas mirando hacia el cielo. Al retirarse la luz, me quedé sin fuerzas, pero poco después, habiéndome recobrado hasta cierto punto, volví a casa. Al apoyarme sobre la mesilla de la chimenea, mi madre me preguntó si algo me pasaba. Yo le contesté: “Pierda cuidado, todo está bien; me siento bastante bien”. Entonces le dije: “He sabido a satisfacción mía que el presbiterianismo no es verdadero”. Parece que desde los años más tiernos de mi vida el aadversario sabía que yo estaba destinado a perturbar y molestar su reino; de lo contrario, ¿por qué habían de combinarse en mi contra los poderes de las tinieblas? ¿Cuál era el motivo de la boposición y persecución que se desató contra mí casi desde mi infancia?
 66.
     A de F 1: 1, 10
       1 Nosotros acreemos en bDios el Eterno Padre, y en su cHijo Jesucristo, y en el dEspíritu Santo.
           •  •  •
       10 Creemos en la acongregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las bDiez Tribus; que cSión (la Nueva Jerusalén) será edificada sobre el continente americano; que Cristo dreinará personalmente sobre la tierra, y que la tierra será erenovada y recibirá su fgloria gparadisíaca.
 67.
     TJS Hechos 9:7
7 Y los que iban con él vieron en verdad la luz, y tuvieron miedo; pero no oyeron la voz del que le habló.

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