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UN VERDADERO PADRE

25 Y además, si hay apadres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus bestacas organizadas, y no les censeñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de docho años, el epecado será sobre la cabeza de los padres. 26 Porque ésta será una ley para los habitantes de aSión, o en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado. 27 Y sus hijos serán abautizados para la bremisión de sus pecados cuando tengan cocho años de edad, y recibirán la imposición de manos. 28 Y también enseñarán a sus hijos a aorar y a andar rectamente delante del Señor.(DyC:68)

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MENSAJES SUD DE LA FAMILIA




FAMILIAEditar

GEE FamiliaEditar

Véase también Hijo(s); Madre; Matrimonio; Niños; Padre mortal. En las Escrituras, el término familia se refiere al marido, la mujer y los hijos, y a veces a otros familiares que vivan en la misma casa o bajo la dirección del cabeza de familia. Una familia también puede componerse de uno solo de los padres y sus hijos, de marido y mujer sin hijos, o incluso de una persona que viva sola. General: Todas las familias de la tierra serán benditas en ti, Gén. 12:3 (Gén. 28:14; Abr. 2:11). Yo seré por Dios a todas las familias de Israel, Jer. 31:1. Toda familia en los cielos y en la tierra toma nombre del Padre, Efe. 3:14–15. Adán y Eva tuvieron hijos, la familia de toda la tierra, 2 Ne. 2:20. Y esta gloria será una continuación de las simientes por siempre jamás, DyC 132:19. Le daré coronas de vidas eternas en los mundos eternos DyC 132:55. El sellamiento de los hijos a sus padres es parte de la gran obra del cumplimiento de los tiempos, DyC 138:48. Varón y hembra los creé, y díjeles: Fructificad y multiplicaos, Moisés 2:27–28. No es bueno que el hombre esté solo, Moisés 3:18. Adán y Eva trabajaron juntos, Moisés 5:1. Las responsabilidades de los padres. Abraham mandará a sus hijos y a su casa que guarden el camino de Jehová, Gén. 18:17–19. Estas palabras las repetirás a tus hijos, Deut. 6:6–7 (Deut. 11:19). El que ama a su hijo lo corrige, Prov. 13:24 (Prov. 23:13). Instruye al niño en su camino, Prov. 22:6. Goza de la vida con la mujer que amas, Ecle. 9:9. Todos tus hijos serán enseñados por Jehová, Isa. 54:13 (3 Ne. 22:13). Criadlos en amonestación del Señor, Efe. 6:1–4 (Enós 1:1). Si alguno no provee para los suyos, ha negado la fe, 1 Tim. 5:8. Los exhortó, con todo el sentimiento de un tierno padre, 1 Ne. 8:37. Hablamos de Cristo, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir, 2 Ne. 25:26. Esposos y esposas aman a sus hijos, Jacob 3:7. Les enseñaréis a amarse mutuamente y a servirse el uno al otro, Mos. 4:14–15. Defenderéis a vuestras familias aun hasta la efusión de sangre, Alma 43:47. Orad en vuestras familias para que sean bendecidos vuestras esposas y vuestros hijos, 3 Ne. 18:21. Los padres deben enseñar el evangelio a sus hijos, DyC 68:25. Todo hombre tiene la obligación de mantener a su propia familia, DyC 75:28. Todos los niños tienen el derecho de recibir el sostén de sus padres, DyC 83:4. Os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad, DyC 93:40. Has de poner tu propia casa en orden, DyC 93:43–44, 50. Los poseedores del sacerdocio deben influir en otras personas sólo por amor sincero DyC 121:41. Adán y Eva hicieron saber todas las cosas a sus hijos e hijas, Moisés 5:12. Las responsabilidades de los hijos. Honra a tu padre y a tu madre, Éx. 20:12. Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre Prov. 1:8 (Prov. 13:1; 23:22). Jesús estaba sujeto a sus padres, Lucas 2:51. Jesús cumplió la voluntad de su Padre, Juan 6:38 (3 Ne. 27:13). Obedeced en el Señor a vuestros padres, Efe. 6:1 (Col. 3:20). Aprendan los hijos a ser piadosos para con su propia familia, 1 Tim. 5:4. Si los hijos se arrepienten, se apartará de ellos vuestra indignación, DyC 98:45–48. Las fieles hijas de Eva adoraron al Dios verdadero y viviente, DyC 138:38–39. La familia eterna. En Doctrina y Convenios se explica la naturaleza eterna de la relación matrimonial y de la familia. El matrimonio celestial y la continuación de la unidad familiar permite que marido y mujer lleguen a ser dioses (DyC 132:15–20).

LA FAMILIA: UNA PROCLAMACIÓN PARA EL MUNDOEditar

La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.

Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna.

En la vida premortal, los hijos y las hijas espirituales de Dios lo conocieron y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por el cual obtendrían un cuerpo físico y ganarían experiencias terrenales para progresar hacia la perfección y finalmente cumplir su destino divino como herederos de la vida eterna. El plan divino de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos permiten que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente.

El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento que Dios dio a Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable. También declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa.

Declaramos que la forma por medio de la cual se crea la vida mortal fue establecida por decreto divino. Afirmamos la santidad de la vida y su importancia en el plan eterno de Dios.

El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. "He aquí, herencia de Jehová son los hijos" (Salmos 127:3) Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones.

La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos tienen el derecho de nacer dentro de los lazos del matrimonio, y de ser criados por un padre y una madre que honran sus promesas matrimoniales con fidelidad completa. Hay más posibilidades de lograr la felicidad en la vida familiar cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario.

Advertimos a las personas que violan los convenios de castidad, que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos.

Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los representantes de los gobiernos de todo el mundo a fin de que ayuden a promover medidas destinadas a fortalecer la familia y mantenerla como base fundamental de la sociedad.

El presidente Gordon B.Hinckley leyó esta proclamación como parte de su mensaje en la Reunión General de la Sociedad de Socorro, el 23 de septiembre de 1995, en Salt Lake City, Utah, E.U.A.

Texto de titular Editar

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